Nadie discute que un cirujano necesita formación para operar. Pero en la empresa, muchas veces se decide sin haber entrenado nunca la capacidad de decidir.
Se asciende a alguien a un puesto de responsabilidad por su experiencia técnica o su antigüedad, y de un día para otro tiene que decidir sobre procesos, prioridades y recursos — sin que nadie le haya dado antes un método para hacerlo.
El resultado: decisiones que se toman por intuición, por urgencia, o por costumbre. Y cuando no salen bien, no se sabe muy bien qué corregir, porque nunca hubo un criterio detrás.
Invertir en formar a tu equipo directivo y gerencial para tomar decisiones no es un gasto en "más cursos". Es dar a quienes deciden el método que les falta.