Cada departamento tiene su Excel, su forma de medir, su versión de la verdad. Ventas dice una cosa, operaciones otra, finanzas otra distinta. Y cuando llega el momento de decidir, nadie sabe realmente de qué datos fiarse.
Esto no es un problema de tecnología. Es un problema de proceso: nadie ha definido cómo fluye la información entre áreas, ni quién es responsable de qué dato en cada punto.
Cuando un equipo se forma en análisis de procesos, aprende algo que ninguna herramienta puede darle por sí sola: a mapear cómo se mueve realmente la información de un departamento a otro, dónde se duplica, dónde se pierde, y dónde dos áreas están tomando decisiones distintas sobre el mismo dato.
La tecnología solo funciona cuando el proceso que hay detrás está claro. Formación in-company bonificable vía FUNDAE.