Firmas el contrato con un socio senior. El PowerPoint de venta lo hace un director con 15 años de experiencia. Y el proyecto, una vez firmado, lo ejecuta un equipo junior que rota cada pocos meses, sin haber estado en la reunión donde se definió el alcance.
Es el modelo de muchas grandes consultoras: el talento que vende no es el que entrega. Una vez firmado el acuerdo, entra un método genérico —si es que hay método— que se adapta sobre la marcha a cada injerencia del cliente.
El resultado: informes largos, reuniones interminables, y una sensación de que el proyecto lo está aprendiendo alguien mientras te cobra por horas.
Cuando entro en un proyecto, soy yo quien lo lleva de principio a fin. Sin subcontratistas. Sin junior que aprende. Y sin facturar horas de coordinación interna.