Cuando trabajo con una empresa, muchas veces noto una sospecha de fondo que nunca se dice en voz alta: "¿y si esto no tiene suficiente respaldo?". Como si trabajar solo, sin el nombre de una consultora grande detrás, fuera automáticamente menos serio.
Y sin embargo, en varios de esos mismos proyectos, sé de primera mano que la consultora grande que sí generaba esa confianza acababa subcontratando a alguien como yo para hacer el trabajo. La diferencia no era la calidad. Era el logo en la propuesta, y un margen de intermediación por el camino.
Hay proyectos que necesitan mucha gente a la vez, o una marca que respalde una decisión políticamente delicada. Ahí tienen sentido las grandes consultoras.
Pero en la mayoría de los proyectos de procesos y datos en los que he estado, lo que de verdad marcó la diferencia no fue el tamaño de la empresa que firmaba. Fue la persona que se sentó a entender el problema de verdad.